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RUTA NACIONAL HISTÓRICA
por Donald Garate
traducido del inglés por Lissette Matos de Bake y Donald Garate
En Julio del año de 1769, sesenta españoles dirigidos por Gaspar de Portolá salieron de San Diego hacía la bahía de Monterey. La Expedición fue parte de la estrategia de España para habitar al Alta California, para prevenir la usurpación de los rusos mudándose desde el norte, y proteger sus posesiones contra otros países europeos.
...otra nación de mas adentro les habían comunicado la noticia de queestuvieron con ellos cuatro españoles que llevaban escopetas muy largas.Vestido los mismo y que les dijeron que ellos en compañía de muchos pasabanadelante tratándolos a todos de paz...... Yo, aunque no estoy instruido de lasituación de Monterey, presumo sean las gentes que van a su expedición (la dePortolá)...
--Juan Bautista de Anza
Tubac, sábado, 12 de agosto de 1769
Aproximadamente 650 kilómetros hacia el este, el Capitán Juan Bautista de Anza,dirigiendo una campaña contra los Apache cerca del Río Gila, oyó de los cuatro españoles. Los indios Pima del Río Gila, quienes habían escuchado el cuento de los Cocomaricopas, quienes lohabían escuchado de una tribu desconocida de California, le relataron el cuento a Anza. Él, enturno, le pasó el cuento a su comandante, Domingo de Elizondo, y el gobernador de Sonora, Juan
de Pineda.
España había esperado mucho tiempo a explorar una ruta para conectar Sonora a Alta California. Si estos españoles eran soldados de Portolá, el sueño podría ser una realidad. Pronto llegaron las noticias a México de Monterey de un puerto mucho mas grande suplido por un gran río que llamaban el San Francisco. Le parecía a Anza que el tiempo había llegado para encontrar y abrir una ruta de provisiones desde Sonora a las colonias recientemente establecidas en California. En 1772, al final de la campaña de Elizondo, el capitán Anza pidió permiso a dirigir una expedición para descubrir tal ruta.No fue la primera vez que este pedido se había escuchado en la Ciudad de México. Anzano había cumplido su primer año cuando su padre había hecho el mismo pedido. Pero antes de que su padre pudiera establecer una ruta al océano pacífico los Apaches lo mataron. Su hijo sabia de su deseo y añadió una copia de la petición de su padre a la suya para ser revisado por el virreyAntonio Bucareli.
Él es sumamente tolerante y paciente, generoso y bien gustado por los indios . . .reconozco en Don Juan Bautista de Anza un gran fondo de discreción para vencercualquiera emergencia imprevista.
--Francisco Garcés
Tubac, lunes, 8 de marzo de 1773
Quiero confesar mi poca gracia con ese caballero.
--Pedro Font
Ures, jueves, 18 de julio de 1776.
Aunque las opiniones variaban, Juan Bautista de Anza era el hombre para la ocasión. Nacido en el verano de 1736 en Fronteras, Sonora, el joven, Juan, tenía muy poca recolección de su padre, quien fue matado en la primavera de 1740, pero se quedó con una herencia que le suplió inspiración por toda la vida. Su padre, un vasco de la aldea de Hernani, en España del norte, llegó a Nueva España en 1712. Fue un joven de diez y nueve años con poco mas que una abundancia de ambicíon indomable. En los veinte y ocho años hasta su muerte el Anza mayor se hizo dueño de un númerode minas, ranchos, y tiendas mediante Sonora. Se unió a la caballería en los primeros años de ladécada de 1720, ascendió pronto los grados militares y llegó a ser capitán del presidio de Fronterasen 1726. Extremamente escrupuloso de su responsabilidad en proteger la frontera, fue amado porla población general. Después de su muerte la familia se mudó de Fronteras a su Rancho Divisadero al sur de Guevavi, cerca de donde lo habían matado.
A la edad de diez y seis años Anza menor se mudó otra vez a Fronteras como un cadete enla caballería. Allí, bajo la tutela de su cuñado, Gabriel Vildósola, aprendió el arte y profesiónmilitar de la frontera, probó su habilidad como un soldado, y fue herido dos veces por Apaches.
Cuando Juan de Belderrain, el primer capitán del presidio de Tubac, murió a consecuencia de heridas recibidas en campaña contra los Seri, Juan Bautista de Anza, a los veinte y cuatro años de edad, llegó a ser el segundo capitán en 1760. Tuvo ese puesto hasta después de su segundo viaje a Alta California, trayéndole honor al nombre de su padre y estableciendo su misma posición indisputable en la historia.
"Hasta esta invasión general se ignoraba la mayor parte de la fragosidad de esta sierra ...(donde) estos gentiles muy contentos preferirían la opresión extrema en ganar su libertad antes de ser sujetos a cualquiera.
--Domingo Elizondo
Pitic, miércoles, 13 de diciembre de 1769
Los españoles obtuvieron mucha de su sabiduría topográfica en campañas contra los nativos quienes rehusaron asimilación en el sistema nuevo europeo. Por cinco años Elizondo había dirigido una guerra unida de soldados regulares y presidiales para pacificar los Seri y los otros grupos nativos mecos. Casi todos los soldados en la frontera lucharon en la Campaña de Elizondo contra las tribus rebeldes de Sonora desde 1766 hasta 1771. Dos catalanes, Gaspar de Portolá, capitán de un regimiento de dragones españoles, y Pedro Fages, un teniente de los voluntarios catalanes, estuvieron allí en los primeros días de esta acción antes de ser mandados a explorar y colonizar las Californias vía Baja California.No obstante, Juan Bautista de Anza y los presidiales de Tubac, muchas veces estaban comprometidos mediante todo el tiempo en batalla contra los Seri, Piato, y Sibubapa. Anza recibió dos heridas mas en esa guerra. En los tiempos calmados en el Cerro Prieto áspero en el sur de Sonora, el y sus soldados generalmente se encontraban en galope tendido regresando a Tubac para calmar una rebelión Pima o avanzar en el perseguimiento de Apaches hostiles. A causa de estas maniobras de mucho alcance, tan distante al sur como la frontera de Sinaloa, al norte al Río Gila, al este mas allá de San Bernardino, al oeste al Golfo de California, Anza tenía un conocimiento íntimo y sobresaliente de los caminos nativos, rutas de negocio, pozos de agua, aldeas, y pastos del desierto.
Descubriendo el camino.
Aunque la aprobación del pedido de Anza llegó tarde, él salió de Tubac el sábado en la tarde, el 8 de enero de 1774, destinado hacía California. Estuvieron con veinte y un soldados, cinco arrieros, un interprete, un carpintero, y dos sirvientes personales. Sebastián Tarabal, un indio de Baja California quien había caminado a Sonora desde la misión San Gabriel en California, para servir como un guía. Juan Bautista Valdéz, un soldado quien había estado con Portolá, fue mensajero para esta expedición. Dos frailes Franciscanos del mundo viejo acompañaron el grupo-- Francisco Garcés, nativo de Aragón, y Juan Marcelo Díaz, de Alcazar. Acamparon la primera noche cerca del camino real que corría desde Altar hasta San Xavier. Los Apache habían asaltado a Tubac el domingo anterior, espantando la mayor parte de la caballada. Así que, en vez de ir al norte al Río Gila como habían planeado, fueron hacía el sur para obtener caballos extras en el valle de Altar. Pero las misiones eran pobres y encontraron en Caborca solo dos mulas muy flacas, subiendo sus totales a 140 monturas, sesenta y cinco ganado mayor, y suficientes mulas para cargar treinta y cinco medidas de provisiones, municiones de guerra, tabaco, equipaje, y otros abastecimientos necesarios para tierras desconocidas.
Saliendo de Caborca, la expedición luchó dos semanas y media sobre terreno muy áspero donde sus caballos, con cascos gastados, muchas veces tenían que viajar dos días sin agua. En la confluencia de los Ríos Gila y Colorado Anza llegó a conocer a Olleyquotequiebe, jefe de los indios Yuma, quien él nombró, Salvador Palma. Los dos jefes pronto desarrollaron una amistad y confianza mutua, y el Capitán Palma extendió la asistencia y cooperación de los Yuma. Anza pronto tuvo que aceptar su oferta.
En cruzar el Río Colorado los exploradores embarcaron en un desierto desconocido al hombre blanco. Guiados de vez en cuando por indios de las tribus Yuma y Cojat mientras viajaban hacía el sur a lo largo del río, pronto estuvieron atrapados en los vientos de un mar de arena. Animales debilitados comenzaron a morir y después de dos semanas de contender contra la arena, el capitán decidió mandar siete hombres y la mayor parte del ganado de regreso al pueblo del Capitán Palma, con un pedido que pudieran quedarse hasta su regreso. El resto de la compañía, ahora con solo once mulas con cargas livianas y provisiones para un mes, se dirigieron en rumbo al oeste.
Después de algunos días de correr fuerte, las condiciones mejoraron. El agua era mas abundante y el camino era más fácil a pesar de la nieve en la sierra. Por fin, la compañía llegó a San Gabriel -- cansados, con hambre, a pie, y guiando sus caballos enflaquecidos -- mientras el sol bajaba, el martes, el 22 de marzo de 1774. Las circunstancias no estaban tan buenas en este puesto fronterizo, pero había éxtasis en la vista inesperada de españoles llegando del este. Las campanas de la iglesia sonaron esa noche y todos celebraron. Debido a la pobreza de la misión, la expedición no pudo permanecer mucho tiempo. El Padre Garcés y siete soldados fueron a San Diego para lograr obtener provisiones. Mandó a Valdéz a la Ciudad de México con las noticias de la conexión exitosa. El Fraile Díaz quien estaba agotado, decidió quedarse en San Gabriel mientras Anza y un grupo de soldados montaron rápidamente a Monterey. Para el 27 de mayo todos, menos Valdéz, estaban en Tubac.
Las noticias viajaban lentamente en la frontera. El mismo día que el Capitán Anza llegó a Tubac, el Virrey Bucareli le envió un mensaje al Ministro de las Indias en España que la expedición había llegado al cruce Yuma en el Río Colorado. Cerca de tres semanas después, el 14 de junio, Valdéz llego a la Ciudad de México, reportando la llegada exitosa de la expedición a San Gabriel. Con esta información, Bucareli recomendó que Anza fuera elevado a teniente coronel, y el Rey concedió el asenso en octubre.
La Expedición Colonizadora.
Anza fue detenido en Terrenate todo el verano por orden militar atándolo a responsabilidades asignadas por el inspector ayudante. Finalmente, en noviembre, el Teniente Coronel Anza llegó a la Ciudad de México donde planes comenzaron para la expedición colonizadora. Debido a sus acciones anteriores y su descendencia cultural, Anza tenía muchos amigos políticamente poderosos allí. Uno, Juan José de Echeveste, tesorero de las rentas de tabaco, pólvora y naipes y agente de compras para las Californias, nació y fue criado solo unos kilómetros de donde el padre de Anza también fue criado y las dos familias fueron unidas por matrimonio. Anza y Echeveste fueron asignados por Bucareli (quien era protector de la Real Sociedad Vascongada de los Amigos del País) para planear la estratégia a financiar la expedición.
Altos oficiales del consejo de guerra eran de descendencia vasca, y cada pedido y recomendación que Anza hacia, fue aprobado por el consejo y el virrey, aunque hombres como Francisco Crespo, gobernador de Sonora, y Fernando de Rivera, comandante de todas las tropas de California, presentaban vistas opuestas y planes alternativos para la expedición.
Soldados y oficiales casados se buscarían con la idea que habiendo transportados sus esposas e hijos al puerto de San Francisco, puedan formar una colonia allí inmediatamente.
--Antonio María Bucareli y Ursua
Ciudad de México, martes, 27 de diciembre de 1774
El decreto oficial de Bucareli pedía un teniente, un sargento, y veinte y ocho soldados con esposas y familias, para colonizar el área del Río San Francisco. Anza había recomendado cuarenta familias, y al final treinta y ocho salieron. Diez soldados de Tubac se necesitarían para escoltar la expedición, y suficientes arrieros y vaqueros para transportar las provisiones y ganado. Debido al deseo de Anza de ayudar a los pobres a mejorar sus situaciones, el reclutamiento de los voluntarios comenzó en las ciudades de Culiacán, Sinaloa, El Fuerte, y Alamos donde él acababa de ver la pobreza despreciable. Compró ganado de rancheros en Sinaloa y Sonora. Provisiones vinieron principalmente de Horcasitas y las misiones de la Pimería Alta.
Bucareli y el consejo de guerra aprobó la preferencia de Anza para teniente para el presidio nuevo de San Francisco, José Joaquín Moraga, alférez de Fronteras. Juan Pablo Grijalva, quien estaba sirviendo en Terrenate a ese tiempo, fue escogido como sargento. El hecho de que ambos hombres podían leer, influyó su selección. Ambos nacieron en el valle de San Luís donde Anza fue criado. Grijalva fue bautizado como un infante en la misión de Guevavi el 2 de Febrero de 1744. Moraga, cuyo padre lo mataron en batalla mientras servía como soldado en Fronteras, nació aproximadamente en 1741.
...aquí mismo en frente de todos le di mi queja al Señor Anza, diciéndole que era muy difícil para mi cuando nunca me dice lo que ha decidido...
--Pedro Font
San Diego, martes, 6 de febrero de 1776
El Fraile Pedro Font, misionero Franciscano en San José de los Pimas, fue escogido como capellán para la expedición. Recomendado por Anza en lugar de Garcés debido a su habilidad de leer latitudes, Font era un catalán rechoncho, nacido en Gerona, España. Desde su primer encuentro en que Anza le pidió que le trajera su arpa, hasta su llegada a Sonora unos 5000 kilómetros y casi un año después, los dos hombres estaban en desacuerdo. Font no quería cargar el instrumento pesado todo el camino hacía California y de regreso. Se quejó varias veces durante el camino que Anza nunca le pidió que lo tocara. El Padre Font estuvo enfermo y de mal humor la mayor parte del viaje. Encontraba falla con casi todo lo que el comandante era y hacia. Anza, al otro lado, no estaba enloquecido con los misioneros Franciscanos y trataba de hacer todo para incitar a Font.
Anza llegó a la misión de Font el 23 de Mayo de 1775, tres días antes de veinte reclutas y sus familias, quienes habían alistado en la provincia de Sinaloa. Todos viajaban al presidio de San Miguel de Horcasitas, la capital provincial de Sonora, donde el reclutamiento y acumulación de provisiones continuó hasta la tarde del viernes, 29 de septiembre. Entonces un conjunto de 177 personas, cuyo equipaje fue cargado en 140 mulas dividida en tres recuas, salieron en rumbo a Tubac, el punto final de encontrarse para el gran viaje a California. Tres semanas anteriormente, los Apache habían atacado a Tubac, corriendo la caballada entera de 500 monturas. Otra vez, no habrían caballos frescos y los soldados muchas veces tenían que montar doble con uno o dos de los niños todo el camino al California.
La caravana llegó a Tubac viajando cuidadosamente al través de terreno Apache, el domingo, 15 de octubre de 1776. Algunas otras 120 personas se unieron con la expedición allí, pero pasó otra semana antes de que la expedición de 300 miembros saliera. El Sargento Grijalva viajaba lentamente desde Terrenate al través del mismo terreno Apache con su esposa y tres hijos.
Mientras esperaban la partida, el Padre Font se quedó a cinco kilómetros en la misión de Tumacácori con el sacerdote residente, Pedro de Arriquibar. Los Padres Tomás Eixarch y Francisco Garcés, asignados a ir hasta el Río Colorado, y Padre Félix de Gámarra, quien iba a reponer Garcés en la misión de San Xavier, también esperaba allí. Esta misión fronteriza jamás había visto tantos padres a una vez.
El puesto pequeño del desierto de Tubac, otra vez un tercio mas grande que su tamaño normal, era un centro de actividad mientras preparaciones se finalizaban para los 2000 kilómetros que faltaban para viajar. Cerca de 1000 cabezas de ganado -- incluyendo 165 mulas de cargar, 340 caballos, algunas yeguas con potros, algunos burros, y más de 300 cabezas de ganado mayor -- se retenían afuera del pueblo. Muchos de los animales le suplirían a la colonia nueva, pero habría una necesidad alimentzia de cien cabezas de ganado en el camino.
Las provisiones estaban acumuladas y listas para el viaje. Habían seis toneladas de harina, frijoles, pinole, azúcar, y chocolate que se pondría y quitaría de las mulas diariamente. Ollas de cocinar y sartenes de freír, herramientas de mano, y municiones constituían otra tonelada de equipo. Ropa extra y cobijas sumaban una tonelada. Habían sillas de montar, frenos, albardas y su equipaje, mantillas de silla, herramientas y clavos para las herraduras y algunas cien libras de hierro para hacer herraduras para los caballos y mulas. Había una tienda de campaña para el comandante y sus siervos, otro para el Fraile Font y sus asistentes, uno para los Padres Garcés y Eixarch, y diez otros para las familias. Con más de tres familias por tienda, muchos, incluyendo los soldados de Tubac, los arrieros, y los vaqueros, durmieron afuera.
Finalmente, después de la misa, el 23 de octubre el desfile empezó. Algunos guías montaron al frente para determinar la mejor ruta. El Teniente Coronel Anza dirigía la expedición, seguido por el Padre Font. Entonces venía toda la gente con las escoltas de Tubac manteniendo un ojo abierto para los Apache. El Padre Font cantó El Alabado y todos lo acompañaron poniendo un ejemplo que se seguiría durante todo el camino. Después del conjunto de personas venía la recua de mulas, seguidas por la caballada. Los vaqueros y ganado venían al final de esta ciudad andante de dos kilómetros.
Pararon temprano esa tarde en un pozo, llamado La Canoa, mientras la esposa de José Vicente Féliz comenzó su parto. José Antonio Capistrano Féliz, el séptimo hijo de la pareja nació y aunque el infante vivió para ver a California, la madre murió de complicaciones. María Ignacia Manuela Piñuelas fue la única persona que murió por el camino en la ruta. Había sido criada cerca de Guevavi. Esto era quizás lo más lejos al norte que ella había viajado. El Padre Garcés llevó su cuerpo a San Xavier para enterrarlo al día siguiente. Con espíritus muy bajos, los viajantes continuaron a San Xavier donde el Padre Font bautizó al niño nuevo y casó a tres parejas que no querían esperar hasta llegar a California para estar casados. Continuando al norte en el Río Santa Cruz hasta su unión con el Río Gila, la expedición observó un día de descanso mientras Anza, Font, y algunos soldados fueron a visitar las ruinas prehistóricas llamadas Casa Grande. Mientras procedían a lo largo del Río Gila, nació Diego Pascual Gutiérrez temprano en la mañana del 19 de noviembre de 1775. El Padre Font lo bautizó después de la misa la próxima mañana y la expedición descansó dos días mientras la madre recuperaba.
Había mucha alegría en el pueblo del Jefe Palma cuando llegaron los viajadores a la unión de los Ríos Gila y Colorado, pero había poco tiempo para visitar. Después de cruzar al Río Colorado, que estaba muy frió, sin problema, construyeron rápidamente una cabaña para los Padres Garcés y Eixarch. Entonces la caravana siguió, esta vez dividido en cuatro grupos. Tres grupos separados, viajaban con un día entremedio para que todos pudieran tomar agua en los pozos del desierto que se llenaban muy lentamente. El Teniente Coronel Anza dirigía al primer grupo. El segundo fue comandado por el Sargento Grijalva, y el tercero por el Teniente Moraga. Los vaqueros adelantaban al ganado por una ruta separada. Mientras el grupo del frente se acercaba a la Sierra Santa Rosa de California, una tormenta de nieve del desierto los atrapó por cuatro días y cinco noches. Las tiendas de campar ofrecían poca protección para los niños y enfermos. La gente rebuscaba el desierto para arbustos y ramas de mesquite para mantener sus hogueras humildes contra los vientos fuertes. Todos se acurrucaban refugiándose bajo cobijas y arbustos provisionales. Las temperaturas cayeron y la nieve sobre la tierra se hacía dura mientras los oficiales trabajaban frenéticos tratando de juntar a los tres grupos. Aunque no se perdió ninguna vida humana, muchos animales, ya debilitados por falta de pasto sucumbieron al frió y murieron. Ya para la noche todos habían sido reunidos, bailaron el fandango en celebración y aplaudieron muy fuerte a una canción impúdica cantada por la viuda María Feliciana Arballo. El Padre Font fue muy crítico en la misa la mañana siguiente.
Salieron del campamento en la tarde del 19 de diciembre y procedieron lentamente mientras la nieve se cambiaba a lluvia. Hubo un retraso cuando cincuenta cabezas de ganado se extraviaron y perecieron en los pantanos de San Sebastian. Los viajeros mojados y miserables por fin llegaron a la cabecera del Cañón del Coyote en la Noche Buena y, aunque Padre Font vehemente lo denunció, Anza sacó un cuñete de aguardiente y los ánimos de todos se elevaron.
Como si en honor a la ocasión otro niño nació. Salvador Ignacio Linares entró al mundo a las 10:45 esa noche. El bien Padre lo bautizó la siguiente mañana después de la misa y un sermón acerbo sobre la maldad de la borrachera. La madre nueva y la expedición entera descansaron el día de la Navidad.
En el pasaje de San Carlos, se mandaron a tres soldados delante para alertar a la misión de San Gabriel de su llegada inminente. Allí experimentaron uno de los primeros anotados terremotos en California y estos emigrantes del subtropical Sinaloa miraban con desesperación a la nieve en las sierras. Su comandante los aconsejó y los animó para seguir delante y pronto aprendieron que estaban en una tierra más abundante que toda expectativa. El suelo desecado del desierto fue cambiado por tierras fértiles, abundancia en agua y vegetación. Desaparecidos estaban el chaparral, la cholla y el ocotillo dispersados y esparcidos. En su lugar había suficiente pasto y una variedad diversa de árboles y malza. Hacía atrás estaba el polvo, la sed, y el excavar pozos en los fondos de arroyos arenosos en búsqueda de una mera taza de agua. Ahora arroyos y ríos desembocaban por donde quiera. ¡La carne seca estaba reemplazada con pescado fresco! Estas personas del desierto jamás habían visto tal abundancia. Ahora cuando las familias decían el rosario y cantaban el alabado o el salve alrededor de sus hogueras de campamento en las noches era más en un espíritu de agradecimiento en vez de temor a lo desconocido.
Tres días afuera de San Gabriel, en el primer día del año nuevo de 1776, los tres soldados mandados adelante regresaron con caballos extras y con las noticias penosas que los indios en San Diego habían quemado la misión y matado al Padre Luís Jaime y dos soldados. Este incidente causó una demora de siete semanas en San Gabriel mientras Anza, Font, y un destacamento de soldados viajaron al sur con el Capitán Rivera en un atentado de restaurar el orden. Los Comandantes Anza y Rivera no se llevaban bien y en un cambio de eventos hasta el Padre Font tomó el partido con Anza.
En San Gabriel los emigrantes se estaban quedando con poca comida, y cuatro hombres abandonaron la expedición para Sonora, llevándose veinte y cinco caballos y dos mulas. El indecesión de Rivera disgustó a Anza, el cual regresó y la expedición comenzó hacía el norte. El Teniente Moraga y diez soldados comenzaron a rastrear los que habían abandonado, y eventualmente los encontraron y los regresaron al encierro en San Gabriel . Los emigrantes ahora viajaban por las tierras de los Gabrileños, Serranos, Chumash, Salinas, Costanoaenses, Esselen, y otras tribus nativas. Pasando por las misiones de San Luís Obispo de Tolosa y San Antonio de los Robles, la expedición llegó al Real Presidio de Monterey, el domingo 10 de marzo de 1776. Habían estado 165 días en el camino desde el Real Presidio de San Miguel de Horcasitas y 350 días desde Culiacán. Aunque estaban empapados de la lluvia que había estado cayendo desde antes del amanecer, estaban todos estáticos. El Padre Junípero Serra los encontró allí el día siguiente. Estuvo acompañado por los Padres Palóu, Joseph Murguía, Benito Cambón y Tomás de la Peña, quien había sido asignado proveer el personal para las dos misiones nuevas que serían dedicadas en San Francisco. Anza y Font se fueron a quedar con ellos en la misión de San Carlos Borromeo del Carmelo.
Pasé a la puerta que hace mas estrecha la boca del puerto en donde nadie había estado. Puse en ella una cruz, y a su pie debajo de tierra una noticia de las que he visto para que les sirva de gobierno a los barcos que entren, como de lo que pronto impeccionando para establecer el fuerte perteneciente a este puerto.
--Juan Bautista de Anza
Boca de la Bahía de San Francisco, jueves, 28 de marzo de 1776
Desafortunadamente, todo no estaba bien en la frontera de California. El Capitán Rivera rehusó acompañar a Anza en establecer los sitios para la nueva misión y el presidio en el Río San Francisco como mandado por el Virrey Bucareli. Después de una espera de dos semanas, Anza, Font, Moraga, y diez y siete hombres salieron para explorar la bahía sin él. El 28 de marzo, el grupo pequeño se paraba al lado sur de lo que es hoy día la famosa Puerta de Oro donde el Teniente Coronel dedicó el lugar para el Presidio de San Francisco. Continuando delante, exploraron la Bahía del Este tan lejos como el Estrecho de Carquinez entonces doblaron hacía el este, siguiendo el Gran Río por casi cincuenta kilómetros antes de regresar a Monterey.
Allí, el 14 de abril, Anza, Font y veinte y siete otros retornando a Sonora, le dieron una triste despedida a aquellos que permanecían. El Teniente Moraga se fue con ellos el primer día de marcha. El día próximo, su despedida fue extremamente triste. Su esposa e hijo pequeño estaban distantes en Terrenate donde se habían quedado debido a la mala salud de ella. Al Teniente caería el cargo difícil de actualmente establecer el presidio y misiones bajo el mando del Capitán Rivera, quien había demostrado su desdén completo para ambos la expedición y la colonia nueva. No obstante, el Teniente llevó a cabo fielmente su cargo. Bajo su dirección los miembros de la expedición se mudaron de Monterey ese verano, y para septiembre el sueño de una colonia hispana en el gran puerto de California fue una realidad.
Bauticé a un adulto, catecúmeno, suficiente instruido en la DoctrinaCristiana y su misterios, capitán y jefe de la nación Yuma de indios salvajes de las riberas del Río Colorado de las Provincias Internas de Sonora en esta América septentrional, a quien puse por nombre Salvador Carlos Antonio, conocido por el apellido de Palma. Lo saco de pila y fue su padrino el teniente coronel Don Juan Bautista de Anza, capitán comandante de los presidios de dichas provincias.
--Agustín Joseph de Echeverria y Orcolaga
La Ciudad de México, jueves, 13 de febrero de 1777
En el anochecer del 26 de octubre de 1776, después de casi cinco años de negocio y planear y miles de kilómetros sobre montura, Anza se encontró con el Virrey Bucareli en la Ciudad de México para oficialmente reportar su segunda exitosa expedición a Alta California. Con el Teniente Coronel estuvieron el Jefe Palma, su hermano, y dos otros parientes Yuma viniendo a pedir bautismo para ellos y misiones y un presidio para su pueblo.
Durante los próximos meses, planes y promesas se hicieron para tal empeño de parte del gobierno español. El Rey ordenó misioneros y tropas para los Yuma. Juan Bautista de Anza, criado entre los nativos americanos de la frontera norteña, quizás los conocía y los entendía mejor que nadie. Él recomendó paciencia y compasión enorme y la renunciación de fuerza, severidad, y trabajo exceso. Los misioneros deberían de ser escogidos entre aquellos que entendían a los indios, dijo él, y los dirigentes militares no deberían ser permitidos a intervenir en el proceso.
Todos los que irían al Río Colorado deberían ser trabajadores fuertes y capaces de instruir a los indios. Para conservar esta filosofía, el Rey ordenó que las tierras y bienes Yuma no serían confiscados por los españoles.
Cuando el Jefe Palma entró a la Santa Catedral de Santa María de la Asunción en la Ciudad de México con tres de sus parientes para ser bautizados, estaba vestido en un traje de azul, escarlata, y oro con una capa estilo Sonorense, regalo del Virrey Bucareli. Parándose con los Yuma, Anza y los otros padrinos, también como el padre oficiando, habían algunos de los más poderosos e influenciales cambistas, magnates de plata, y políticos vascos en todo México. El futuro parecía brillar. Nadie podía prever el fracaso total de la ruta de provisiones recién abierta.
Mientras los Yuma regresaban a su hogar y Anza montó su caballo a Nuevo México para ser su gobernador, las buenas intenciones se derrumbaron. Mandaron misioneros al Río Colorado.
Soldados vinieron y se fueron. Colonizadores fueron enviados, pero no de la calidad recomendadas por Anza. Las tierras indias fueron robadas y sus cosechas pisoteadas. Finalmente, en desesperación, los Yuma se alzaron en rebelión, matando a cuatro padres, incluyendo al Padre Garcés y Juan Díaz. Un número de colonizadores y soldados también fueron matados, incluyendo al Capitán Fernando de Rivera. El camino fue efectivamente cerrado y los sobrevivientes cojearon para atrás a Sonora. Afortunadamente para el Teniente Moraga, muy lejos en la Bahía de San Francisco, su esposa, María Pilar de León, y su hijo de catorce años, Gabriel, recientemente habían cruzado el Río Colorado y se unieron a él sin peligro en California.
El clima político que había dictado actividades en el camino hasta ahora pronto iba a cambiar. México ganó su independencia en 1821 y eventualmente reabrió la porción del Río Gila en la ruta entremedio de Santa Fe y San Diego. Algunos veinte años después, durante la guerra Méxicana-Norteamericana, los Estados Unidos ganaron posesión de la mayor parte y emigrantes y aquellos buscando oro usaron porciones de la ruta.
La Ruta Nacional Histórica de Juan Bautista de Anza, una ruta conteniendo el trecho de tierra viajado por el Capitán Juan Bautista de Anza de España durante los años 1775 y 1776 desde Sonora, México, a la vecindad de San
Francisco....
--Ley Publico 101-365
Washington, D.C., miércoles, 15 de agosto de 1990
Hoy día, mucha de la ruta histórica está reemplazada por carreteras pavimentadas. Como está designado en el presente, la Ruta Nacional Histórica comienza en Nogales, Arizona, pero esfuerzos están en proceso para incluir a México en designar una ruta completa internacional que conmemorará todas los lugares históricos que colectivamente ayudaron a producir este legado increíble.
La Ruta Nacional Histórica de Juan Bautista de Anza es única en su conmemoración singular de un individuo dinámico. Conmemora solo dos expediciones dirigidas por Anza a lo largo de su distancia entera por diferentes rutas. Una, en 1774, abrió un senda entre Sonora, al norte de México, y las nuevas establecidas misiones de Alta California. El segundo, en el invierno de 1775-76, transportó una colonia totalmente equipada de Sonorenses para establecer una comunidad en la Bahía de San Francisco.
Aunque la ruta conmemora el camino de la segunda expedición de Anza, la ruta entera, en secciones, fue previamente conocida para las varias tribus nativas. Mucho había sido viajado por los españoles. Juan de Oñate viajó a lo largo del Río Gila al Rió Colorado 170 años antes de Anza. El Padre Eusebio Kino había explorado el área entre Sonora y el punto en que el Río Colorado vacía en el Golfo de California. Ambos Melchior Díaz y el Padre Francisco Garcés habían cruzado el Río Colorado, aunque 230 años aparte. Gaspar de Portolá había extendido al norte entre San Diego a Monterey y Pedro Fages había explorado el sur de la Bahía de San Francisco. Anza ya conocía el terreno muy bien entre Sinaloa y el Río Gila. Su gran realización, entonces, fue en conectar todas las piezas y dirigir a una caravana enorme sin peligro a su destinación al través de 3000 kilómetros de desierto.
El Real Presidio de San Ignacio de Tubac, 1774.
scudo de Armas de Castilla y León que apareció en las banderas de Anza durante sus campañas.
Indios Yuma en el siglo diez y nueve.
Oasis en el Desierto Anza-Borrego. Pozos de agua como este fueron pocos y llenaban lentamente.
Vaquero con la Expedición Anza.
La Expedición saliendo de Tubac con Anza y Padre Font tomando la delantera.
Mapa hecho por el Padre Font en 1777. Fotografía insertada: El Fuerte del Punto, hoy día
debajo del Puente de la Puerta de Oro, el lugar que Anza reclamó para España en marzo de 1776.
Fort Point -San Francisco como se veia en 1776